Castella y Emilio de Justo salen a hombros en una exigente tarde en Nimes

Castella y Emilio de Justo salen a hombros en una exigente tarde en Nimes

Castella y Emilio de Justo salen a hombros en una exigente tarde en Nimes

24/05/2026

Sebastián Castella y Emilio de Justo firmaron el capítulo más destacado de la quinta de Pentecostés en el Coliseo de Nimes, una tarde marcada por la exigencia de los toros de Santiago Domecq y por el compromiso de una terna que tuvo que tirar de técnica, poder y valor para sacar adelante una corrida nada sencilla. El francés paseó una oreja de cada toro de su lote, mientras que el extremeño dejó la gran obra de la tarde frente al encastado sexto.

La corrida tuvo muchos matices y obligó a los toreros a apostar de verdad. Castella encontró el premio a su regularidad y temple, Emilio de Justo alcanzó momentos de gran profundidad y Daniel Luque dejó una demostración de capacidad con el lote menos agradecido, aunque la espada le privó de tocar pelo.

Fue el sexto el toro que terminó de encender al Coliseo de Nimes. Emilio de Justo se entendió con un encastado ejemplar de Santiago Domecq al que fue sometiendo poco a poco en el inicio de faena hasta acabar toreándolo con gusto y mando. Las tandas al natural tuvieron especial eco en los tendidos y levantaron al público francés. La estocada, recetada en todo lo alto, puso el broche a una actuación de gran dimensión. Cortó las dos orejas, mientras el público pidió con fuerza la vuelta al ruedo para el toro, finalmente no concedida por la presidencia.

El extremeño ya había dejado momentos importantes con el tercero de la tarde. Tras brindar el toro a Castella, firmó una faena vibrante y muy ligada, en la que las naturales volvieron a sobresalir por su profundidad y limpieza. Falló con la espada y perdió un premio que parecía seguro. Ovación tras aviso.

Sebastián Castella y Emilio de Justo firmaron el capítulo más destacado de la quinta de Pentecostés en el Coliseo de Nimes, una tarde marcada por la exigencia de los toros de Santiago Domecq y por el compromiso de una terna que tuvo que tirar de técnica, poder y valor para sacar adelante una corrida nada sencilla. El francés paseó una oreja de cada toro de su lote, mientras que el extremeño dejó la gran obra de la tarde frente al encastado sexto.

La corrida tuvo muchos matices y obligó a los toreros a apostar de verdad. Castella encontró el premio a su regularidad y temple, Emilio de Justo alcanzó momentos de gran profundidad y Daniel Luque dejó una demostración de capacidad con el lote menos agradecido, aunque la espada le privó de tocar pelo.

Fue el sexto el toro que terminó de encender al Coliseo de Nimes. Emilio de Justo se entendió con un encastado ejemplar de Santiago Domecq al que fue sometiendo poco a poco en el inicio de faena hasta acabar toreándolo con gusto y mando. Las tandas al natural tuvieron especial eco en los tendidos y levantaron al público francés. La estocada, recetada en todo lo alto, puso el broche a una actuación de gran dimensión. Cortó las dos orejas, mientras el público pidió con fuerza la vuelta al ruedo para el toro, finalmente no concedida por la presidencia.

El extremeño ya había dejado momentos importantes con el tercero de la tarde. Tras brindar el toro a Castella, firmó una faena vibrante y muy ligada, en la que las naturales volvieron a sobresalir por su profundidad y limpieza. Falló con la espada y perdió un premio que parecía seguro. Ovación tras aviso.